La colaboración entre China y África ha evolucionado hacia una alianza estratégica que abarca múltiples dimensiones del desarrollo económico y social. En este contexto, la experiencia acumulada por China en áreas clave como la industrialización, la modernización agrícola, el desarrollo energético y la capacitación de capital humano se presenta como un modelo útil y replicable para el continente africano. Así lo afirmó Dejene Tezera, director de la División de Desarrollo de Agroindustria e Infraestructura de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), en declaraciones recientes a la agencia Xinhua.

Uno de los hitos más representativos de esta cooperación es la creación del Centro de Excelencia China-África-ONUDI, inaugurado en noviembre del pasado 2024 en Adís Abeba, capital de Etiopía. Esta iniciativa tripartita tiene como objetivo promover el desarrollo sostenible de África mediante la transferencia de conocimientos, tecnología y buenas prácticas, en la que el centro actúa como una plataforma para impulsar la industrialización, la modernización del sector agrícola y el fortalecimiento de capacidades en el continente africano.
Retos estructurales y oportunidades para África
África enfrenta desafíos estructurales que limitan su desarrollo económico: bajos niveles de industrialización, escasa productividad agrícola y una grave carencia de recursos humanos calificados. Aunque el continente posee más del 60 % de las tierras cultivables no explotadas del mundo, abundantes recursos hídricos y una población joven con alto potencial de formación, su sector agrícola aún opera, en gran medida, bajo sistemas tradicionales de producción y comercialización. Esta situación no solo frena la seguridad alimentaria, sino que limita el crecimiento económico sostenible.
En este contexto, Dejene Tezera subrayó la urgencia de coordinar esfuerzos para acelerar la modernización agrícola en África, pues China ofrece un modelo instructivo basado en su propia transformación agrícola, que ha pasado en pocas décadas de la escasez alimentaria a convertirse en uno de los principales productores mundiales de alimentos mediante la implementación de tecnologías avanzadas, sistemas de riego eficientes, mecanización y cadenas de valor bien estructuradas.
Un modelo basado en la cooperación Sur-Sur

El Centro de Excelencia China-África-ONUDI es un ejemplo concreto de cooperación Sur-Sur. En este esquema, China aporta su tecnología, conocimientos técnicos y experiencia mientras que Etiopía ofrece la infraestructura y un entorno institucional favorable; mientras que la ONUDI actúa como facilitador y garante de la asistencia técnica y la coordinación multilateral. Esta iniciativa busca no solo apoyar a Etiopía, sino también establecer centros satélite en otros países africanos para replicar el modelo en función de los contextos y necesidades locales.
El objetivo de esta colaboración es transitar de un modelo agrícola basado en la producción para el autoconsumo a uno orientado al mercado, más comercial y competitivo. Según Tezera, existe un enorme potencial para mejorar la productividad agrícola de África si se logra dotar a los agricultores de las herramientas, tecnologías y conocimientos adecuados. En paralelo, el centro también prioriza la capacitación técnica de los jóvenes africanos, asegurando que el desarrollo tecnológico venga acompañado de una transferencia efectiva de capacidades.
Industrialización e infraestructura: la experiencia china como referente

Se suele reconocer de forma global que China ha recorrido un extenso camino de industrialización, particularmente desde el inicio de su política de reforma y apertura en la década de 1980. A través del desarrollo de zonas económicas especiales, parques industriales y la mejora en infraestructura logística, el gigante asiático ha logrado transformar su estructura económica y posicionarse como una potencia manufacturera global.
Según sus defensores y promotores, este modelo de crecimiento es altamente replicable en África, donde muchos países aún dependen de exportaciones de materias primas con escaso valor agregado. La transferencia de estas buenas prácticas, acompañadas de inversión extranjera directa y la creación de clústeres industriales, podría acelerar significativamente el proceso de industrialización en el continente, según los organizadores del encuentro. En esta línea, proyectos como el parque industrial de Hawassa en Etiopía, financiado y construido con apoyo chino, demuestran el potencial transformador de estas iniciativas.
Energía sostenible como catalizador del desarrollo
Otro componente esencial de la cooperación China-África es el desarrollo del sector energético, clave para viabilizar tanto la modernización agrícola como la industrialización. África tiene una enorme brecha de acceso a energía, especialmente en las zonas rurales. En este contexto, China, líder en tecnologías de energías renovables, se presenta para Etiopia, y Africa en general, un socio estratégico.
Avalada por el desarrollo de miles de megavatios de capacidad instalada en energía solar, eólica e hidroeléctrica, tanto a nivel nacional como internacional, China, según datos del Foro de Cooperación China-África (FOCAC), ha puesto en marcha más de 30 proyectos de energía limpia en África, adaptados a las necesidades específicas de cada país. Estas tecnologías serán sistemáticamente implementadas a través del Centro de Excelencia, con un enfoque escalonado y contextualizado en cada zona.
Cooperación multilateral: el marco institucional
Desde un punto de vista institucional, la cooperación entre China y África está respaldada por marcos de cooperación robustos como el FOCAC y la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés). Estas plataformas han facilitado no solo el diálogo político, sino también el financiamiento de proyectos clave en sectores estratégicos. A través de ellas, China ha canalizado importantes recursos financieros y técnicos hacia África, promoviendo una colaboración basada en el principio de beneficio mutuo y respeto por las prioridades locales.
Durante la cumbre del FOCAC celebrada en 2024 en Pekín, se reafirmó el compromiso de China con la modernización africana, destacando el apoyo al desarrollo de infraestructuras, formación de capital humano, tecnología digital y sostenibilidad ambiental. Estos compromisos se alinean con la Agenda 2063 de la Unión Africana y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU.
Conclusión
La experiencia de China en desarrollo agrícola, industrialización y transición energética representa una fuente de conocimiento valioso para África. A través de estructuras como el Centro de Excelencia China-África-ONUDI, se están consolidando nuevas formas de cooperación multilateral orientadas a resolver los desafíos estructurales del continente africano. La combinación de transferencia tecnológica, fortalecimiento de capacidades y desarrollo de infraestructura constituye una fórmula poderosa para sentar las bases de un crecimiento sostenible, inclusivo y autónomo en África. La clave estará en adaptar esas experiencias al contexto africano, respetando sus dinámicas locales y promoviendo el protagonismo de los actores nacionales en el proceso de transformación.