La desnutrición infantil representa una de las crisis más urgentes y subestimadas del desarrollo global, con profundas consecuencias humanas, sociales y económicas. Afectando a millones de niños en países de ingresos bajos y medios, limita su crecimiento, aprendizaje y futuro productivo. Invertir en nutrición no solo salva vidas, sino que genera altos retornos económicos al potenciar el capital humano. Analizamos los desafíos, soluciones y oportunidades para enfrentar la desnutrición como prioridad en la agenda del desarrollo sostenible

Cada año, millones de niños en todo el mundo ven comprometido su desarrollo físico, cognitivo y emocional antes siquiera de comenzar su vida escolar. Esta situación, lejos de ser un fenómeno aislado o limitado a regiones marginales, constituye una crisis global de salud pública que afecta a más de 148 millones de menores de cinco años que sufren retraso en el crecimiento (stunting), según datos de UNICEF (2023). La desnutrición infantil, en sus múltiples formas, no solo representa una grave vulneración de derechos humanos, sino que además perpetúa ciclos intergeneracionales de pobreza, exclusión y desigualdad. En este contexto, abordar la desnutrición se convierte no solo en una necesidad moral, sino también en una decisión económica estratégica para los Estados.
La desnutrición adopta diversas manifestaciones, incluyendo el retraso en el crecimiento, la emaciación (wasting), el bajo peso al nacer, las deficiencias de micronutrientes y, paradójicamente, el sobrepeso y la obesidad infantil en contextos de inseguridad alimentaria. Todas estas formas conllevan importantes consecuencias a corto y largo plazo. A nivel individual, los efectos incluyen un desarrollo cerebral reducido, menor rendimiento escolar, vulnerabilidad inmunológica, aumento del riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles y, en muchos casos, muerte prematura. A nivel social y económico, la desnutrición limita la productividad laboral futura, reduce los ingresos nacionales y sobrecarga los sistemas de salud, generando un impacto negativo sobre el capital humano de los países.
Estudios realizados por el Copenhagen Consensus Center y la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que las inversiones en nutrición presentan una de las tasas de retorno más altas en términos de desarrollo humano. Por cada dólar invertido en intervenciones nutricionales efectivas, se puede generar un retorno económico promedio de 23 dólares, principalmente a través de mejoras en la salud, el rendimiento escolar y la productividad laboral. Intervenciones específicas como la promoción de la lactancia materna exclusiva, la suplementación con micronutrientes (hierro, yodo, vitamina A, zinc), la fortificación de alimentos y el tratamiento de la desnutrición aguda severa son ampliamente reconocidas por su costo-efectividad y viabilidad incluso en entornos de bajos recursos.
Pese a este conocimiento, la acción global en torno a la nutrición ha sido insuficiente y fragmentada. La Cumbre “Nutrición para el Crecimiento”, celebrada recientemente en París y auspiciada por el gobierno de Francia, representa un punto de inflexión clave en la agenda del desarrollo sostenible. El evento reunió a líderes políticos, representantes del sector privado, organismos multilaterales y organizaciones de la sociedad civil con el objetivo de movilizar compromisos políticos y financieros para reducir las múltiples formas de malnutrición. Este tipo de foros constituye una plataforma crítica para reforzar el vínculo entre nutrición, educación, salud, igualdad de género y cambio climático.
En ese sentido, el Grupo del Banco Mundial ha reafirmado su compromiso de integrar la nutrición como un componente transversal en todos sus programas de desarrollo. Entre sus líneas de acción prioritarias se encuentran la expansión de los servicios nutricionales esenciales, la integración de la nutrición en los sistemas nacionales de salud, la promoción de soluciones intersectoriales (incluyendo educación, agricultura, agua y saneamiento, y protección social) y el fortalecimiento del financiamiento a través de mecanismos públicos y privados.
Un ejemplo destacado de este enfoque integral es el proyecto implementado en Nigeria con apoyo del Banco Mundial, que desde 2018 ha proporcionado servicios nutricionales de calidad y bajo costo a más de 13 millones de mujeres, adolescentes y niños. Este tipo de iniciativas demuestra que, con los recursos adecuados y una buena gobernanza, es posible lograr resultados transformadores a gran escala. A su vez, iniciativas como el Mecanismo de Financiamiento Global para Mujeres, Niños y Adolescentes y la Corporación Financiera Internacional (IFC) están trabajando para movilizar inversiones innovadoras en sectores clave, tales como la agricultura sostenible, la producción local de alimentos nutritivos, el acceso al seguro agrícola y la resiliencia frente al cambio climático.
Particularmente en África subsahariana, donde se concentra una proporción significativa de la carga mundial de la desnutrición, se están desarrollando soluciones adaptadas al contexto local. Por ejemplo, el uso de tecnologías digitales para monitorear el crecimiento infantil, el diseño de paquetes integrados de salud y nutrición en zonas rurales, y el fortalecimiento de redes comunitarias de atención primaria. Estas estrategias permiten no solo mejorar la cobertura, sino también empoderar a las comunidades y fomentar la rendición de cuentas.
Asimismo, países como Indonesia han demostrado que las políticas públicas bien diseñadas pueden lograr reducciones significativas en las tasas de retraso en el crecimiento infantil. Entre 2018 y 2023, la proporción de niños menores de cinco años con stunting en Indonesia disminuyó del 31% al 22%, gracias a un enfoque integrado que combinó servicios nutricionales, educación preescolar, acceso a agua potable y programas de transferencias sociales condicionadas. Más de 20 millones de niños se beneficiaron de este enfoque integral, generando impactos positivos no solo en salud, sino también en equidad social y cohesión territorial.
En línea con estos esfuerzos, el Banco Mundial y sus socios han anunciado la creación de una Plataforma de Aprendizaje y Cooperación Técnica sobre Nutrición, orientada a facilitar el intercambio de experiencias, datos y buenas prácticas entre gobiernos, sector privado, centros de investigación y organizaciones no gubernamentales. El objetivo es promover un ecosistema de innovación, aprendizaje continuo y toma de decisiones basada en evidencia.
En conclusión, invertir en nutrición no solo es una acción ética, sino también una inversión estratégica en el desarrollo humano sostenible. Enfrentar la desnutrición de manera decidida permitirá a millones de niños alcanzar su máximo potencial, fortalecerá la productividad de las futuras generaciones, reducirá las brechas de desigualdad y contribuirá a sociedades más resilientes y prósperas. Es urgente que la comunidad internacional traduzca el conocimiento existente en acciones concretas, movilice recursos suficientes y mantenga la nutrición como una prioridad central dentro de la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente en lo relativo a la erradicación del hambre (ODS 2), la salud y el bienestar (ODS 3), y la reducción de las desigualdades (ODS 10).