La situación en la zona del Sahel es un verdadero rompecabezas muy complejo de analizar y continuamente evolucionando a medida que los diferentes grupos y actores presentes en el terreno cambian sus objetivos, alianzas o amplían su territorio y dominios.
Desde 2012, Mali se ha enfrentado a una sucesión de conflictos violentos. La rebelión tuareg y la posterior ocupación yihadista del norte de Mali en ese año revelaron varias fisuras en la sociedad y la gobernanza que, aunque no son nuevas, se han agravado con el tiempo. La salida del gobierno de más de la mitad de la superficie del país y la presión ejercida sobre las zonas locales por la competencia por los recursos, la proliferación de armas y las ideologías enfrentadas han exacerbado los conflictos internos de Malí, pautas que también se han reproducido en otros lugares.