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La región del Sahel, una franja semiárida de África que se extiende desde el Atlántico en el oeste hasta el Mar Rojo en el este, enfrenta una compleja situación geopolítica caracterizada por una combinación de desafíos económicos, sociales, ambientales y de seguridad. Comprende países como Mali, Níger, Burkina Faso, Chad y Mauritania, entre otros.

En los últimos años, la región ha sido un foco de inestabilidad debido a la proliferación de grupos extremistas que aprovechan la debilidad de los gobiernos locales y la vasta y difícil geografía para establecer bases y lanzar ataques, exacerbando la inseguridad. En paralelo, la región sufre crisis humanitarias recurrentes provocadas por la pobreza extrema, la falta de acceso a servicios básicos, y los impactos del cambio climático, como sequías prolongadas y desertificación, que agravan la escasez de alimentos y agua.

La comunidad internacional ha intentado estabilizar la región a través de intervenciones militares, ayuda humanitaria y programas de desarrollo. Sin embargo, los resultados han sido mixtos, y la situación sigue siendo volátil, con desplazamientos masivos de población y continuas violaciones de derechos humanos.