El Sahel y el nuevo reparto de África

AFP/SEBASTIEN RIEUSSEC – Soldado del Ejército de Mali de guardia a la entrada del G5 Sahel, una fuerza antiterrorista de cinco naciones (Mali, Burkina Faso, Níger, Mauritania y Chad)

JOSÉ E. MOSQUERA
Atalayar

La guerra de Ucrania aceleró el surgimiento de nuevos bloques geoeconómicos y geoestratégicos y con ellos se está abriendo paso a un nuevo orden global. De hecho, el surgimiento de los nuevos bloques económicos y los traslapes que surgen entre los mismos por los intereses específicos de cada país, se están generando nuevas rivalidades entre las potencias por el dominio global. Estados Unidos y Francia con sus aliados de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (ECOWAS), especialmente Nigeria, la principal potencia africana, se enfrentan en aquella región y en el Sahel a los intereses de China y Rusia. Una de aquellas rivalidades que se esconde detrás de las tensiones políticas que han generado los golpes de estados en Níger, Malí, Burkina Faso y Guinea-Bisáu, tienen que ver con la construcción del gasoducto transahariano entre Nigeria, Níger y Argelia, el cual tendrá una longitud de 4.188 km, de los cuales 1.037 en territorio nigeriano, 841 en Níger y 2.310 en Argelia. Gasoducto que abastecerá de gas a los países del Sahel y desde Argelia a los mercados europeos.

Aquellos golpes de estado contra gobiernos aliados de Estados Unidos y Francia son síntesis de las nuevas expresiones de rechazo contra sus modelos colonialistas, sobre todo, el francés que, en sus antiguas colonias africanas sigue dominando los sistemas monetarios y las obliga a tener las reversas en bancos franceses y con restricciones para disponer de las mismas.

El Sahel es una de las regiones más ricas, estratégicas y conflictivas de África; pero a la vez, una de las más diezmadas por las sequías, el hambre y con uno de los índices de pobreza más altos del mundo. Franja que cubre un área de más de tres millones de kilómetros cuadrados de áridas sabanas y abrumadoras estepas y se extiende desde el océano Atlántico hasta el oceánico Índico, y comprende territorios de 12 países: Malí, Mauritania, Senegal, Gambia, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Etiopía, Eritrea y Somalia. Territorio que en las últimas décadas se han convertido en uno de los santuarios más importante de Al Qaeda en el África.

Además de ser unas de las regiones más conflictivas de África por su importancia de ser cruce de rutas entre el África del Norte y la Subsahariana, entre el golfo de Guinea y el norte del continente, entre el Mediterráneo y el África subsahariana, entre el Atlántico y el Índico. Igualmente, por las enormes riquezas mineras y energéticas que posea.

También sirve de bisagra entre el África occidental y el África oriental y, desde luego, trascendental dentro de los países que conforman el arco del Islam que va desde Somalia hasta Indonesia. De manera que el Sahel es un santuario de grupos islámicos integristas que buscan controlar las rutas comerciales y las riquezas mineras en esta parte de África. Una intervención militar en Níger por los países miembros de ECOWAS, liderados por Nigeria puede desatar una espiral de violencia de los grupos integristas islámicos con nexos tribales en ambos países, y terminar en una gran desestabilización de Nigeria y otros países.

El control de las riquezas mineras de estos países por multinacionales estadounidenses y francesas son los aspectos más polémicos que se tratan de ocultar tras la cortina de las luchas contra el terrorismo. En una zona mayoritariamente musulmana y estratégica desde la perspectiva económica, política y militar para grupos islamistas.

Para Francia los conflictos que se generan en Malí y Níger son un problema de seguridad nacional por la importancia que tienen las riquezas de Uranio de ambos países para su sistema energético ya que más del 60 % del uranio que emplea su generación eléctrica depende de estos países. Su producción energética depende en gran medida de lo que pase con las concesiones de uranio que tiene la multinacional francesa Orano en el Sahel.

Orano es la joya de la corona de la economía francesa, líder mundial en la producción de energía nuclear y parte esencial de su política exterior. Un conglomerado con presencia en 50 países y con millonarios contratos de construcción de nuevas centrales nucleares en el mundo.

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