Burkina Faso un año después del golpe militar: se repite el mismo escenario que en Mali

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MARÍA DEL PILAR RANGEL ROJAS
Atalayar

Un año después del golpe de Estado en Burkina Faso, Francia ha sido expulsada del país, repitiéndose el mismo escenario que en Mali. Parece que el derrocamiento de Gobiernos democráticos en las antiguas colonias francesas de África Occidental se está convirtiendo en una tendencia, seguido de la salida de Francia y la entrada de Rusia.

Era previsible que un año después si el gobierno golpista de Burkina Faso quería seguir en el poder tenía que echar a Francia y permitir la entrada de Rusia para que continue con su afán expansionista por todo África.

Hemos visto también como elemento común en estos países la presencia de banderas rusas en las manifestaciones por parte de la población civil que impiden el paso a las tropas francesas en su redespliegue. No parece que sea casual, y podría marcar una posible redirección de acontecimientos. Lo cierto es que la hostilidad hacia Francia ya se ha extendido desde Mali a Burkina y no tardará en extenderse a otros países.

Este es el resultado de meses donde Rusia ha estado explotando y generando, a través de las redes sociales y algunos activistas, sentimientos antifranceses. Pero hay que recordar que cuanto más dure el conflicto en Ucrania, más vigilantes tendremos que estar en el frente africano.

Con la presencia de Wagner en Burkina Faso y en Mali, a nivel estratégico Rusia tendría un corredor que conectaría desde Libia hasta Guinea con salida al mar, que es lo que pretenden.

El problema de la crisis en el Sahel en última instancia es la legitimidad del Estado y la percepción de los ciudadanos de que su gobierno es válido y capaz de satisfacer sus necesidades.

Esta legitimidad requiere centrarse en la protección de los civiles y en garantizar la justicia y la rendición de cuentas por las violaciones y abusos de los derechos humanos. A falta de los compromisos de los Estados para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, es probable que ningún grado de compromiso internacional tenga éxito.

La legitimidad de un Estado empieza a nivel interno cuando sus ciudadanos consideran capaz a su Estado de la labor que tienen que llevar a cabo. Sin embargo, el Estado pierde esta legitimidad cuando no sirve a su pueblo y sirve a sus propios intereses o a intereses de terceros.

Mientras que todos estos países continúen siendo Estados fallidos, los gobiernos no podrán controlar sus territorios ni garantizar su seguridad por lo que tendrán que acudir a otros actores internacionales para garantizar la seguridad de su país.

Después del descontento de estos años con Francia hemos visto la entrada de Rusia en Mali y no habría que descartar la entrada en el Sahel de otros países como China o Turquía en el ámbito militar, económico, político y estratégico.

El Sahel se ha convertido en la nueva zona de expansión de otras potencias que cubren el hueco que ha dejado países como Francia o Estados Unidos. Nos enfrentamos a un nuevo escenario donde Rusia, China o Turquía se harán presentes en el Sahel y donde veremos si la situación de inseguridad será siendo la misma o se producirá algún cambio.

Ante la imposibilidad durante estos años de vencer al terrorismo yihadista, el capitán Ibrahim Traoré prometió al llegar al poder que la lucha contra el terrorismo se llevaría a cabo con socios distintos de Francia. La intención de la población ya está confirmada por las banderas rusas visibles durante las manifestaciones en Uagadugú.

Sin embargo, los análisis sugieren que el Grupo Wagner será más brutal y menos efectivo operativamente que las fuerzas antiterroristas francesas en caso de que los líderes militares de Burkina Faso soliciten la asistencia de Wagner.

Si los líderes golpistas de Burkina Faso se asocian con el grupo Wagner ya saben cuál ha sido su labor en Mali con consecuencias desastrosas para los civiles y para contrarrestar el extremismo violento. Wagner no es una fuerza antiterrorista.

Sin embargo, si Traore niega la entrada de Rusia en Burkina, que es solicitada por gran parte de la población y por empresarios influyentes, es posible que le ocurra como a Kabore o como a Damiba que, después que negaran la entrada de Rusia en Burkina, ambos presidentes cayeron del poder inmediatamente por un nuevo golpe de Estado. La pregunta ahora es ¿caerá en pocos meses también el nuevo Presidente Traore si no acepta la entrada y las condiciones de Rusia en Burkina?

Desde mi punto de vista es evidente que Francia no se quería marchar, pero no ha tenido más remedio que hacerlo ante la situación de hostilidad por parte de la población burkinesa y porque Rusia está ejerciendo todas sus habilidades para sustituir también a Francia en Burkina como ya lo hizo en Mali.

Hay que recordar que, en diciembre de 2022, el presidente de Ghana afirmó que Burkina Faso había llegado a un acuerdo para reclutar al grupo ruso Wagner, siguiendo el ejemplo de Malí. La declaración se produjo durante la cumbre África-Estados Unidos y ha puesto fin a meses de especulaciones sobre el acuerdo de Burkina Faso con el grupo Wagner.

Según el presidente ghanés, el gobierno burkinés había asignado una mina en la parte sur del país a Wagner como forma de pago. Su declaración no fue una sorpresa, ya que informes previamente no corroborados indicaban la llegada de alrededor de una docena de empleados de Wagner a Burkina Faso.

El despliegue del grupo Wagner llega en un momento crucial, mientras los ataques yihadistas se disparan en el país y las fuerzas nacionales y los grupos paramilitares parecen incapaces de hacer retroceder los ataques de JNIM y de ISGS. Aproximadamente el 40% del país está fuera del control estatal.

Rusia disfruta de relaciones económicas privilegiadas con Burkina Faso y la empresa rusa NordGold es la mayor empresa de explotación de oro del país, operando al menos tres minas. En diciembre de 2022, el gobierno de Burkina Faso otorgó a NordGold un permiso de explotación para una nueva mina de oro por cuatro años, lo que permite una producción total de 2,53 toneladas de oro.

A fines de diciembre de 2022, el Primer Ministro de Burkina Faso anunció durante un viaje a Rusia que su país se había comprometido recientemente a diversificar sus asociaciones y deseaba que Rusia fuera un aliado en la lucha contra el terrorismo.

A principios de enero de 2023, circularon informes no confirmados de que Francia anunciaría la partida de las fuerzas especiales francesas denominadas «Operación Sabre» estacionadas en Kamboinsin, en las afueras de la capital de Burkina Faso, Uagadugú. Se espera que el retiro completo ocurra en febrero. El anuncio se produjo en medio de feroces demandas de la población burkinesa para que Francia retire sus tropas del país en el contexto de la supuesta contratación del grupo ruso Wagner.

Rusia, a través de Wagner y Nordgold, está en proceso de poner sus manos en Burkina Faso, que se está aislado de muchos de sus socios africanos. El futuro de Burkina será similar al de República Centroafricana y al de Mali no se beneficiará en modo alguno de las riquezas extraídas de su país y seguirá siendo objetivo tanto de yihadistas como de mercenarios.

En el Sahel, el efecto dominó continua y los países siguen cayendo en manos rusas ante la pasividad del resto de actores internacionales.

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