Smart Cities -Tecnología y desarrollo humano - Industria 4.0

Una misma información, muchas versiones de la misma

La gestión de la sociedad y la manipulación de las masas a través del “cuarto poder”

En el llamado “cuarto poder”, los medios de comunicación, se está produciendo una enorme revolución por la irrupción, desde hace ya varios años, del periodismo “individual”, en el que todo ser humano que posea un teléfono móvil puede hacer de corresponsal de cualquier cosa que esté pasando a su alrededor. Si hace unas décadas sólo aquello que periodistas acreditados y medios de comunicación oficiales eran quienes podían dar por válido lo que “pasaba en el mundo”, esto ahora ha dejado de ser cierto, pues cada persona con una bitácora, un canal de YouTube o una cuenta de Facebook, puede empezar a subir a su red de contactos las noticias de su ciudad, de su zona de residencia, de lo que ve en sus viajes o de lo que cree que está pasando aquí o allá.

Las mil caras de la noticia

La contradicción a veces entre la información “ciudadana” y la información “oficial” es tremenda. Diferentes medios de comunicación tratan de contrastar datos, no siempre, pero en general lo hacen, antes de publicar que algo es “así” o que está sucediendo “esto”. El periodismo ciudadano coge un móvil, graba un suceso y lo sube a la red, dando su interpretación personal aquel que ha estado en el lugar de los hechos tal y como lo ha visto, entendido y decodificado. La visión sesgada de los medios que siguen normas partidistas o corrientes políticas no está dentro de la visión de la persona de la calle que solo reporta lo que está sucediendo delante de sus ojos, sino que además no trata de tergiversar la información o darle una interpretación acorde a la línea editorial de su empresa, ya que no tiene, en general, ningún motivo para ello.

Mientras que las grandes cadenas de noticias, medios y agencias de prensa están controladas por muy pocas multinacionales con mucho poder para sentar las bases de lo que la opinión pública conoce o deja de conocer; cuando se trata de periodismo “urbano” o noticias que vienen directamente de la ciudadanía, a través de redes sociales o vídeos grabados “in situ”, el control es inexistente y, por lo tanto, hay una lucha enorme contra este tipo de “informadores” que ya se cuelan en las portadas de algunos telediarios porque han accedido a información de forma espontánea o casual, en donde ninguna cadena de televisión ha podido estar en el momento en el que algo ocurría.

Información que no les perjudique

La autocrítica y a veces autocensura que hacen además muchos periódicos y medios de comunicación sobre lo que publican y cómo lo publican, para no perjudicar los intereses políticos o económicos de las empresas a las que pertenecen, no está presente en la difusión espontánea y a veces anónima de los hechos que se reportan en las redes. Este instituto, el IDHUS, se nutre de muchas informaciones que no pasan por ningún medio de comunicación oficial, sino por una red de individuos en posiciones sociales y profesionales muy distintas que tienen acceso directo a escenarios y conocimientos a través de los cuales “ver la realidad” sin responder a líneas editoriales o responsabilidades para con sistemas políticos o empresariales. Este tipo de línea informativa, está llevando a que cada vez haya un mayor interés por seguir a periodistas independientes, o canales de YouTube donde simplemente alguien experto en algún tema, va generando material de lectura o audiovisual en su campo de trabajo que no pasa por los filtros ni adaptaciones que otros compañeros de profesión deben acatar para cumplir con las normas de su periódico o canal de televisión.

Una información a través de lentes de colores

No se puede evitar que la información que llegue a la ciudadanía esté completamente sesgada, pues la lucha por el control de lo que se desea que se conozca o no es enorme en las grandes corporaciones y sistemas políticos en todos los países. Se usan los medios, y no es noticia ni nada nuevo que estemos descubriéndole al mundo, para programar a la población una serie de ideas respecto a otros actores de la sociedad en otras partes del globo, polarizando la población de unos contra otros.

Lo que se explica en la RT rusa se contradice con lo que se explica en la CNN americana, la BBC británica o el France24 francés. Lo que cuentan en CCTV chino da una visión del mundo diferente a lo que explica Al-Jazeera desde Catar, y, por lo tanto, dependiendo en qué zona del planeta te encuentres y que medios de comunicación sigas, tu visión de la realidad tendrá un color y un tamizado diferente a la visión de la realidad de otra persona en otro país distinto.

Al no poseer tiempo ni capacidad para absorber y seguir los diferentes puntos de vista sobre un mismo suceso, y al no tener una gran parte de la población una capacidad lingüística que permita conocer el idioma de emisión de otras cadenas, aunque en general se use ya el inglés para llegar a un público internacional en todas ellas, nos limita a la mayoría a escuchar noticias en nuestro idioma local, provenientes de nuestros medios de comunicación locales o nacionales, y asociados a las líneas de pensamiento político y social que tengamos.

Puesto que nos mantenemos firmes y leales a este tipo de medios, quien escucha una radio de “derechas” se polariza hacia la derecha cada vez más, quien lee un periódico de “izquierdas” se afianza en su sistema y visión del mundo cada vez más, impidiendo una comparación de datos y de informaciones que llevarían a mezclar las dos o cinco versiones de un hecho o situación, y, entonces, crear nuestra propia versión del mismo sin caer en la aceptación a ciegas de la visión que el periódico o medio nos esté queriendo transmitir.

La saturación de información constante a la que estamos sometidos, y la necesidad de mantener su cuota de pantalla, su número de lectores o el porcentaje de la audiencia, obliga a los medios de comunicación a radicalizarse o centrarse más en su propio nicho de lectores ahondando en aquello que lo diferencia del nicho del periódico de al lado.

Todas las noticias llegan desde la misma fuente

Esto obliga a ser creativos a la hora de dar a conocer las noticias, sobre todo porque estas vienen a través de unas pocas agencias internacionales con mucho poder y gran despliegue por todo el mundo que son las que recogen y preparan para los medios aquello que estos luego publican. Por lo tanto, la agencia de noticias que puede ya tener su propia visión de la realidad. Luego, al vender las informaciones a múltiples cadenas de múltiple signo político y tendencia social, están entregando el mismo producto a medios que luego tienen que adaptarlo a sus audiencias, no teniendo más remedio que cambiar algún dato, enfocar la redacción de una manera determinada, omitir algún detalle o incrementar algún aspecto que la otra cadena reduce o cambia por el mismo motivo.

Sabiendo esto, sería interesante, por ejemplo, nutrirnos e informarnos directamente desde las páginas web de las agencias internacionales de noticias que se encuentran un eslabón por encima en la cadena de producción de las mismas, pero esto tampoco resulta fácil, pues el mercado de la comunicación es opaco en ciertos aspectos y no siempre tenemos acceso a la información y documentación que las agencias generan para luego venderlas a los medios. Además, puesto que las dos o tres agencias más importantes del planeta responden ante grandes grupos empresariales de diferente ideología política, también vienen estas noticias sesgadas y tamizadas según las directrices de estos grupos y empresas, con lo cual, aun subiendo en la escalera de producción de la información, casi todas ellas se adaptan a cómo y de qué forma se quiere que el consumidor final las reciba y procese.

Varios ángulos para comprender un hecho

La única solución, como habíamos mencionado, es ser capaz de seguir varios medios de comunicación que tengan intereses opuestos entre sí, de manera que podremos ver las dos o tres caras e interpretaciones de algún hecho o suceso en el que estemos interesados, además de seguir a los periodistas y páginas independientes que actúen sólo por el hecho de compartir algo sin que medie un entorno empresarial y político de por medio. Luego, teniendo estas fuentes de diversa índole para informarnos, es cuestión de llevar a cabo un procesado intelectual individual para discernir la “verdad” de algo basándonos en el análisis de sus diferentes versiones, algo nada fácil ni trivial, y algo que pocos seres humanos tienen tiempo, ganas y energías para llevarlo a cabo.

Mientras esto siga funcionando de esta manera, la opinión pública sigue estando muy mal informada, pues hay pocas trazas de hechos objetivos en lo que se le entrega, por mucho que sea el eslogan de cualquier medio para hacernos creer que realmente no tamizan ni colorean aquello que luego consumimos. A medida que sigamos “mal informados”, tendremos menos oportunidades para detectar manipulaciones e intentos de convencer a la gente de que algo es verdad de una determinada manera que convenga al poder en ese momento.

Cada vez que se aproximan elecciones este mecanismo lo vemos funcionar a pleno rendimiento en todos los medios de comunicación de todos los países del planeta. Cada vez que se aproxima un cambio político, económico o se desea una respuesta social hacia una determinada cuestión se activan todos los procesos y entramados comunicativos para ello. A medida que se quiere que se considere algo como bueno cuando ayer era malo, o se intente influenciar la opinión pública para que rechace algo que anteayer abrazaba con fervor, los medios tienen la capacidad de conseguirlo.

Y es que, como un compañero de este instituto nos dijo una vez por su implicación en el sector audiovisual, hay despachos en medios de comunicación en los que simplemente la consigna es: “dejadnos hacer que nosotros os ganaremos las elecciones”, significando que, dependiendo de lo que se quiera que las personas crean o dejen de creer sobre un partido, un político o un programa electoral, no hay más que poner los rotativos en marcha y los medios de información a trabajar para ello.

¿Por qué nos creemos todo y somos tan manipulables si es que lo somos?

Vámonos ahora al otro lado. Al lado del lector que se nutre cada día de su visión del mundo a través del telediario del mediodía y las noticias de la noche. Si los medios actúan de una determinada manera, y estamos seguros de que no estamos explicando nada que el lector no sepa de una u otra forma, ¿por qué nosotros no somos capaces de evitar esta influencia y esta manipulación? ¿Realmente la sociedad es tan crédula?

Siempre hemos oído que quienes votan a tal partido o persona que realmente era tan mala y que no cumplió sus promesas fueron engañados, o que no se entiende cómo podemos darle poder a tal grupo o a tal otro que van a llevarnos por el camino del desastre económico y social, y que son personas que se dejan convencer muy fácilmente y a las que se las puede engañar con cualquier promesa.

Esto es solo cierto hasta un punto, pues todos solemos creernos por educación y por sistema de valores, aquello que viene desde ciertas instituciones de “poder”, es decir, si lo dicen los medios tal y tal que son importantes y creíbles, debe ser cierto. Así que hay un componente de confiar en aspectos de la estructura de la sociedad que nos resultan creíbles a nuestra percepción de la realidad.

Pero por otro lado, lo que sucede y que permite la manipulación social es la falta de análisis crítico de aquello que está siendo escuchado o leído. Se absorbe la información del periódico, la televisión, la radio o internet sin mayor filtro que la aprobación interna si estamos de acuerdo con la noticia o el rechazo temporal si nos resulta contraria a nuestros pensamientos e ideas. Pero nada más. No se pone sobre el papel el por qué de aquello que se nos está explicando o contando, no se buscan las razones detrás de la manera en la que se nos dan las noticias, o no se analiza, como hemos dicho antes, cual es el punto de vista que ese medio determinado está intentando hacer llegar a sus lectores y convencerlos del mismo.

Puesto que nosotros, los receptores y consumidores de información, no somos críticos con aquello que se nos entrega, nos empapamos de la información dejándola asentar en nuestra mente como si de una verdad absoluta, pero inconsciente, se tratara, de ahí va calando y adecuándose a nuestra forma de ver el mundo y la realidad y, por lo tanto, terminamos convencidos, a base de la repetición una y otra vez, en tres telediarios que vemos al día, dos periódicos de internet que leemos durante el trabajo y la radio en el coche en la ida y vuelta a casa, que algo es realmente blanco, por mucho que hace una semana hubiera sido gris.

Falta, en ese aspecto, conciencia ciudadana para poder estimar realmente el grado de manipulación social que los grandes medios de comunicación llevan a cabo sobre la información, inducidos por los poderes económicos y políticos a los que pertenecen, por mucha imagen de independencia que intenten mostrar. Mientras falte conciencia ciudadana, será sencillo hacer circular todo tipo de “fake-news”, todo tipo de noticias coloreadas y tamizadas, y todo tipo de información acorde a los intereses de aquellos que las generan, sin especial interés en que lo que se comparta sea verdad o no, lo más objetivamente hablando posible, sino simplemente un producto de consumo para mantener a tu nicho de mercado lo más fiel posible y poder dirigir su comportamiento y forma de ver las cosas a tu antojo y conveniencia.

Related Posts

Te has suscrito correctamente al boletín

Se produjo un error al intentar enviar tu solicitud. Inténtalo de nuevo.

Instituto IDHUS will use the information you provide on this form to be in touch with you and to provide updates and marketing.