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Cuando nuestro asistente virtual no entiende nuestras intenciones, pero ejecutan perfectamente nuestras instrucciones

Aplicaciones domóticas caseras con inteligencia artificial

Hasta la fecha, no se conocen los efectos que va a tener la implementación a gran escala de los sistemas de inteligencia artificial en nuestras vidas. Estamos acostumbrándonos a tener cada vez en un número mayor de hogares altavoces inteligentes que nos dan datos e información del tiempo, del tráfico y de los resultados de nuestro equipo favorito, y nos estamos adaptando a ellos de forma paulatina, igual que hace ya unos años se introdujeron en nuestros teléfonos móviles y ordenadores los sistemas de OK Google o Siri de Apple y, con ellos, a muchas personas, se les facilitó la vida a la hora de realizar múltiples gestiones.

Abriendo la puerta a la inteligencia artificial

Por otro lado, la IA está claro desde hace años que ha venido para quedarse a nivel de consumidor. Ya no son solo las grandes empresas que destacan por invertir en I+D y por tener acceso a tecnología puntera las que pueden presumir de tener sistemas informatizados y completamente gestionados por una o varias IAs, que toman una gran parte de las decisiones operativas dentro de los límites establecidos para ellas por su programación e implementación, sino que, a medida que más y más electrodomésticos vengan de serie con las mínimas capacidades de procesamiento y conexión a la nube de internet, podrán ofrecer una serie de funciones que ahora todavía vemos algo lejos en el tiempo y algo relacionadas con la ciencia-ficción.

Sin embargo no está tan lejos el momento, para una parte de la sociedad en los países más industrializados y avanzados, en los que solo al entrar en casa digamos el nombre de nuestro asistente virtual conectado al sistema eléctrico de nuestra vivienda, y le pidamos que encienda las luces del salón, que active la calefacción y la temperatura a la que queremos la habitación, y que vaya poniendo el horno en marcha para empezar a calentar la comida que traemos para la cena. Todo esto por voz, hablándole “al aire” y, los sensores instalados en el sistema central donde se encuentre programada la IA de gestión doméstica, recibiendo las instrucciones y ejecutándolas inmediatamente.

A medida que este tipo de situación se vuelva cada vez más y más común, podremos empezar a otorgar a estos sistemas centrales más responsabilidad y capacidad de control de un mayor número de elementos domésticos. Todavía puede que nos asuste la posibilidad de que algún electrodoméstico tome “decisiones” por sí mismo, aunque sean decisiones tan simples como crear una lista de algo que falta en la nevera o avisar que acaba de terminarse de lavar la ropa y envía la señal para que podamos sacarla y ponerla a secar. Esta IA “central”, una especie de mayordomo virtual, en el sentido de gestión integral de la mayoría de elementos tecnológicos de la vivienda, será quien se encargue de todas esas tareas de apagar o encender cosas, de enviar instrucciones por internet para solicitar algo, o de recordarnos alguna cita si le hemos dado un cierto acceso a la información de nuestra agenda que, de todas maneras, al estar en Google Calendar o en cualquier otro sistema parecido, ya está bajo la misma supervisión de la IA de Google que nos añade automáticamente nuevas tareas o recordatorios simplemente supervisando nuestra bandeja de correo electrónico.

Dándole instrucciones a “Vincent”

Pocas personas, en general, se dan cuenta de que estos escenarios que delineamos son simplemente producto de la psicología humana por vivir más cómodos y con menos complicaciones. ¿Quién no desea decir “Vincent, enciende la luz del baño y abre la ducha para que se vaya calentando el agua que voy en dos minutos”? Y el ordenador central de casa, al que habremos bautizado como Vincent, dará las instrucciones electrónicamente pertinentes para que se cumplan nuestras peticiones. Es, simplemente, un deseo humano de que todo se haga lo más cómodamente posible y que haya el mínimo esfuerzo, en algunos aspectos, para realizar tareas rutinarias. Si algo se puede hacer sin mover un músculo, en general, optamos por crear e implementar la tecnología que pueda permitirlo.

Psicología aparte, lo que sí que es cierto es que la introducción y desarrollo de la inteligencia artificial con sus variantes del Machine Learning, el Deep Learning y las redes neuronales artificiales, unido a los nuevos ordenadores y procesadores cuánticos que multiplicarán la potencia de nuestros sistemas informáticos millones de veces cuando estén disponibles para el gran público, van a crear todo un nuevo modelo de vida para una parte de la sociedad. Es evidente que todo esto no va a estar implementado en todo el ecosistema urbano ni en todas las viviendas simultáneamente, pero la expansión de los mismos irá creciendo con los años igual que todo nuevo producto lo hace cuando es aceptado por los consumidores, y se permite su expansión a todos los rincones y economías del globo que tengan una cierta capacidad para poder introducirlas en sus ecosistemas sociales y económicos locales.

Tu propio “Jarvis” personal

Las nuevas viviendas, por ejemplo, es posible que dentro de una década o menos empiecen a construirse ya con sistemas domóticos inteligentes controlados por IA, con la cual podremos comunicarnos a través del móvil si estamos fuera de casa, o, como decíamos, simplemente hablando y por comandos de voz una vez en ella. Viene a ser un paso inicial para que cada persona en casa tenga su propio “Jarvis”, nombre de la IA que Tony Stark, de los Vengadores, tenía para llevar la gestión de todo su empresa y laboratorio donde “nació” Iron Man. Películas aparte, esta analogía y comparación es un poco lo que la industria tecnológica tiene en mente para las próximas décadas, un asistente virtual inteligente en cada casa, en cada oficina y en cada edificio, facilitando y gestionando todo lo que se pueda gestionar en ellos y liberando, de alguna manera, a las personas de pequeñas rutinas y tareas que no son especialmente tediosas, pero que tampoco a nadie le aportan nada especial el tener que hacerlas, más allá de la propia responsabilidad y control que otorga el decidir por mí mismo si quiero que algo se haga así y lo hago yo, o simplemente decirle a Vincent que lo haga por mí.

Para el desarrollo de esta IA, estamos viendo cómo se elaboran complejos protocolos de asistencia telemática inicialmente a través de pruebas con chatbots, es decir, programas que pueden interactuar con los clientes de un servicio o una empresa a través sus páginas webs y en las que el propio chatbot te soluciona, o lo intenta, la mayoría de dudas, quejas y reclamaciones que el cliente posea. La IA que reside detrás del chatbot está limitada a un cierto conjunto de parámetros, soluciones y respuestas, pero eso es solo porque no ha sido programada para seguir aprendiendo y trabajando por sí sola en incorporar más datos y analizar más respuestas, con las que luego construir su propio léxico y sus propias formas de asistir en las reclamaciones o dudas que se le planteen.

Dificultades en algunas áreas para las IAs

Algunos sistemas, sin embargo, están intentando ir más lejos aún. En algunos hospitales de California, un equipo médico está diseñando y entrenando a una IA para que aprenda a reconocer estados emocionales de los pacientes, pues no es lo mismo que alguien venga con un problema a la consulta y lo explique de una determinada manera, entendiendo el médico las implicaciones ocultas o transversales que la persona puede estar sufriendo, a que simplemente un bot analice unas frases y genere un diagnóstico que pueda ser más o menos correcto. El caso más ilustrativo de este tipo de sistemas es el de una paciente que llamó al médico que le estaba atendiendo y conectó con el chatbot que recogía inicialmente la llamada. El mensaje que el chatbot recibió era el de “muchas gracias por todo, adiós”, lo cual puede ser interpretado como un simple mensaje de agradecimiento, y así fue procesado por la IA en ese momento. Pero el doctor que escuchó el mensaje supo entender el lenguaje emocional y el tono y se dio cuenta que era un mensaje de suicidio, con lo cual supo cómo reaccionar y llegar a tiempo para asistir a su paciente.

Y es que este tipo de situaciones aún están lejos de las capacidades de la mayoría de sistemas automatizados que estamos implementando por doquier en prácticamente todas las áreas de vida y en todos los sectores profesionales y de servicios, ya que involucra un conocimiento de la psicología humana que no hemos sabido programar todavía en nuestros sistemas de inteligencia artificial, los cuales, de momento, están ciertamente limitados a áreas muy concretas de conocimiento o a funciones de pregunta-respuesta dentro de un banco de datos que, por muy amplio que sea, de momento no puede abarcar todo el conocimiento instintivo humano sobre qué es lo que realmente se nos está comunicando o queriendo decir, cuando no se nos está diciendo con las palabras directas con las que un robot o una máquina inteligente entendería el mensaje objetiva, clara y directamente.

Las nuevas tecnologías que traen avances cada vez más veloces

Pero, en todo caso, es realmente veloz el trabajo que se está haciendo para que tengamos a nuestra disposición estos sistemas de ayuda cada vez más eficaces y cada vez más implementados “de serie” en casi todo lo que compremos y que pueda ser conectado a internet, a través del “internet de las cosas”, basado en la tecnología 5G y la fibra óptica para llevar a la “nube”, los servicios de información y computación alojados en servidores “virtuales”, repartidos por múltiples localizaciones en el planeta, toda una tecnología de asistencia domótica casera a la cual estamos seguros vamos a dar la bienvenida rápidamente muchos de nosotros en cuanto podamos ver su funcionamiento, su respuesta y su versatilidad.

Solo nos toca mantener el control sobre aquellas áreas en las que aún no estemos dispuestos a ceder a sistemas informáticos con IA la interacción y la solución de problemas, no solo a nivel médico como hemos comentado, que es el más obvio, sino allá donde la interacción humana sea un valor añadido para la resolución de situaciones críticas, como teléfonos de asistencia a quienes necesitan escuchar una voz cálida y empática, puntos de atención al cliente donde realmente sea importante la presencia humana para resolver situaciones comprometidas, así como cualquier elemento y área de nuestra sociedad donde el comportamiento humano espontáneo esté presente más allá de las simples interacciones rutinarias de pregunta y respuesta a las que sí que puede hacer frente una inteligencia artificial, pero no comprender, empatizar o ser consciente realmente, de qué es lo que está sucediendo en la vida de la persona que viene a solicitar ayuda y no desea únicamente un manual de respuestas y menús automáticos de “sí pide esto luego lo otro”, sino un entendimiento amplio y consciente que abarque mucho más de lo que se puede programar, de momento, en un sistema inteligente, por mucho que Jarvis o Vincent hagan realmente su papel, su función y cumplan a la perfección todas sus responsabilidades.

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